3.4.06

18.3.06

Hay días

Muchas veces en las tardes solitarias, cuando el reloj dilata sus pasos, te imagino echada en un prado, mirando al cielo. Es una imagen bonita, llena de tranquilidad y sosiego. Visto desde la lejanía nadie podría decir que eres ajena a ese entorno, tan lleno de vida. En cambio hay días, en que eres extraña, no formas parte de nada, no hay un todo en el que encajes y la crispación te abarca. El cielo se turbia, el viento se crispa y el reloj simplemente golpea tus tímpanos a cada intervalo de segundo. Hay días decía, en que cosas malas y buenas ocurren, y por ello, porque no todo es blanco, no todo es negro y existen términos medios como el gris, merece la pena vivir y vivirlos.

23.2.06

Soneto: Joaquín Sabina

El moño, las pestañas, las pupilas, el peroné, la tibia, las narices, la frente, los tobillos, las axilas, el menisco, la aorta, las varices. La garganta, los párpados, las cejas, las plantas de los pies, la comisura, los cabellos, el coxis, las orejas, los nervios, la matriz, la dentadura. Las encías, las nalgas, los tendones, la rabadilla, el vientre, las costillas, los húmeros, el pubis, los talones. La clavícula, el cráneo, la papada, el clítoris, el alma, las cosquillas, esa es mi patria, alrededor no hay nada.

21.2.06

Eventos: Concierto Joaquín Sabina

Ayer día 20 de febrero de 2006. Como era de esperar, no decepcionó. Qué grande Sabina.

19.2.06

Radio: Radioblog

Acabo de incorporar a la página una pequeña lista musical. Cada cierto tiempo se irá variando la selección. Espero que la disfruten.

16.2.06

30.1.06

Montmartre

De lo trágico y banal

En la mañana, cuando el día anunciaba tormenta, la hojarasca daba tumbos en los parques y los bohemios remoloneaban a pierna suelta, el despertador estalló. Era viejo, metálico, de un peso muy superior a su apariencia. Durante muchos años había hecho sonar sus campanas de manera precisa y terrible. Con incólume energía había chirriado y vibrado para deleite y goce de su amo. Pero hoy, día vulgar y único como todos, feneció. Su última vibración lo hizo desplazarse ligeramente hacia el borde de la mesita de noche y el azar lo precipitó al vacío. El cristal redondo de su cubierta se comprimió primero, para luego reventar en infinitas partículas de cortante tacto. Una de aquellas insignificantes virutas fue a parar a la boca de Moisés. Quién victima del espectáculo matutino, no tuvo otra que despertar. Al notar la presencia de este objeto extraño en la comisura de su boca, chupó y paladeó la misma hasta escupirla tan lejos como pudo. Abrió primero su pegajoso ojo izquierdo para acto seguido abrir el derecho. Como un tic nervioso abrió y cerró repetidamente sus párpados hasta que el campo visual se hizo ligeramente claro. Al asomar su cabeza al abismo de la cama observó la trágica escena. Órganos internos esparcidos por doquier, piezas redondas y dentadas fuera de lugar, sin movimiento, ya sin pulso. La reacción tardó en llegar, en ocasiones el sueño produce estos efectos, mezcla de fantasía y realidad hacen confundir al sujeto, llevándole a no saber diferenciar la una de la otra. Pero en el preciso instante en que supo que lo que sus ojos reflejaban no era producto de una jugarreta del subconsciente, se alarmó. Sí, se alarmó él y no el reloj como cada mañana. Tragó saliva y le deseó un feliz destino en el cielo de los relojes fenecidos. Pronto como pudo se acercó a la cocina, se hizo con un escobillón y regresó a su habitación para hacer desaparecer las huellas de la tragedia acontecida. Al fin, cuando ya todo había vuelto a la tranquilidad y quietud de la mañana, Moisés regresó a la cocina y se preparó un abundante desayuno.